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jueves, 5 de febrero de 2009

Historia de la Imagen de San Sebastián


La historia de la imagen en Chile se remonta a la época de la conquista, ya que los soldados españoles tenían como su patrono a San Sebastián y dónde llegaban procedían a entronizarle. En Chillán nació el culto a este santo mártir y fue con la fundación de esta ciudad cuando los soldados españoles trajeron desde su país la sagrada imagen que hoy se venera en Yumbel. A consecuencia de una de las tantas sublevaciones indígenas, la encabezada por el toqui Butapichón arrasó e incendió la ciudad de Chillán en 1655, debiendo las huestes españolas huir, llevándose la imagen del santo para protegerla y dejarla posteriormente enterrada en las cercanías de la villa de Yumbel, al pie del cerro Centinela.

Los habitantes del lugar la encontraron y dispusieron entonces su veneración, instalándola a partir de esa fecha en diversos lugares del pueblo, hasta que fue ubicada definitivamente en su actual templo.

En la entrada poniente del pueblo se erigió la primera capilla en honor de San Sebastián. Estuvo ubicada en el sector donde hoy se encuentra la ermita de San Sebastián en la plaza Alonso de Sotomayor. Un intento de destruir esta sagrada figura por parte de algunas personas incrédulas y poco piadosas, ocurrido en 1878, marca el inicio de su fama como santo milagroso en la zona y sus alrededores. Estos la dejaron abandonada, semiquemada y enterrada en unas dunas en el sector de lo que hoy se ubica el camino a Monte Aguila. Luego de una minuciosa búsqueda emprendida por los pobladores, fue encontrada, con las muestras del intento de profanación.

De ahí en adelante, comenzó su veneración masiva por parte de los habitantes de la zona, quienes suplicaban al santo mártir protegiera sus siembras de sequías, pestes y toda suerte de calamidades naturales. Desde ahí, se dio comienzo a una devoción de personas no solamente del sector sino de todos los alrededores y el resto del país que acudían hasta el templo de Yumbel. Lo hacían en los medios de la época, a pie, en carretas, posteriormente en vehículos colectivos y particulares y mayoritariamente en los trenes que arribaban del norte y del sur, para solicitar al milagroso santo favores de toda índole.

Su actual ubicación frente a la principal plaza de Yumbel, data desde 1859, cuando fue construido el templo que hoy conocemos después que el devastador terremoto de 1835 destruyera el recinto que cobijaba a la venerada imagen.
A comienzos del siglo XX, el Santuario comienza a adquirir fisonomía de tal, con la habilitación de las primeras instalaciones, como el comedor de peregrinos, galpones donde la parroquia y el santuario ofrecían almuerzos a los devotos y peregrinos, también parte la primera hospedería.
En el templo santuario se dormía, se comía, se celebraba la misa y se daban los sacramentos. La fiesta concluía con una procesión alrededor de la plaza, mientras que enfrente del templo se instalaban negocios en donde se vendía de todo y la gente, especialmente los campesinos, aprovechaban para abastecer sus casas.

Bajo el obispado de monseñor Alfredo Silva Santiago, la Iglesia permitió la celebración del 20 de marzo, dado que muchos devotos en enero estaban ocupados en sus labores, básicamente campesinas. De esta manera, el número de feligreses aumentó con las dos fiestas y el templo se hizo insuficiente para recibir a tantos peregrinos. Tanto fue así que bajo la administración pastoral del Arzobispo Manuel Sánchez, se concibió la idea de un Campo de Oración, es decir, habilitar un lugar fuera del templo, que fuera más espacioso y libre, para que la gente pudiera tener un momento de interioridad, hacer oración, participar de la misa, recibir los sacramentos y entregar sus ofrendas y mandas, además de agradecer los favores de Dios concedidos por intersección de San Sebastián. Desde ese momento, el Santuario adoptó un carácter mas pastoral, es decir, una oportunidad para anunciar a Jesucristo y convocar la fe en él.

Esta labor prosiguió con los obispos Manuel Santos y Alejandro Goic, cuyo esfuerzo de veinte años trajo sus frutos, dado que la peregrinación tuvo un carácter marcadamente evangelizador y religioso, depurándolo de sus desviaciones o deformaciones. orientándose hacía una preocupación más de fondo en lo referido a la fe y el compromiso católico. Este antiguo Campo de Oración se ubicó en la manzana adyacente al templo santuario, en la esquina de la plaza, en O’Higgins con Castellón. De la misma forma, el comercio se trasladó de la plaza a este nuevo Campo de Oración, rodeando todo su entorno, ocupando las aceras y calzada.

El aumento de la afluencia de peregrinos además del crecimiento de la población, la evolución de los medios de transporte y incremento del parque automotriz, junto a los cambios socioeconómicos experimentados por el país, le dieron otra fisonomía a la festividad. Esa imagen de una plaza llena de tendales, el comercio por doquier en calles y veredas, fondas en sus alrededores y mucha gente, cambió por el aumento del comercio ferial y de ambulantes que comenzaron a asfixiar las actividades puramente religiosas que se desarrollaban en el Templo y Campo de Oración. Todo esto creó un nuevo escenario, caracterizado por la masiva invasión de todo tipo de comercio en los accesos y alrededor de los recintos religiosos impidiendo su normal funcionamiento.

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